En las últimas semanas circuló en medios el caso de una cantante cuya estructura legal —marcas y sociedades— estaría a nombre de un familiar y no a nombre suyo. No me corresponde opinar sobre un asunto ajeno del que solo conozco lo publicado, y conviene tomar esas versiones con reserva.
Lo que sí puedo decir es que el patrón se repite, y que lo veo en despacho con una frecuencia que sorprende.
El arreglo que empieza bien
Un proyecto arranca cuando la persona es muy joven, o no tiene estructura, o simplemente no sabe de esto. Alguien de confianza —un padre, un socio, un mánager— se encarga de “lo legal”. Constituye la sociedad, registra las marcas, firma los contratos.
Todo funciona mientras la relación funciona. El problema es que la titularidad quedó documentada a nombre de esa persona, y los documentos sobreviven a los acuerdos verbales.
Qué queda expuesto
- Las marcas. Si el registro ante el IMPI está a nombre de un tercero, es de ese tercero. El uso que tú hagas no crea titularidad.
- Las sociedades. Sin participación accionaria documentada, no hay derecho a dividendos ni a decidir.
- Las obras. Canciones, diseños, contenidos: si los derechos patrimoniales se cedieron a una empresa que no controlas, la explotación futura tampoco es tuya.
- Los contratos. Si no eres parte, no puedes exigir su cumplimiento.
Esto no es solo de artistas
El mismo arreglo aparece en negocios familiares de cualquier tamaño: la marca a nombre del papá que puso el capital, las acciones a nombre del hermano que “lleva los papeles”, el local a nombre de la tía.
Mientras hay buena relación, nadie lo revisa. Se revisa cuando hay una separación, una herencia, una venta o un desacuerdo. Y entonces lo único que vale es lo que esté escrito.
Qué revisar, sin que sea un acto de desconfianza
Plantearlo no es romper la confianza: es ordenarla.
- Consulta en el IMPI a nombre de quién están registradas tus marcas. Es público y se consulta en minutos.
- Revisa el acta constitutiva y el libro de accionistas: quién tiene qué porcentaje.
- Verifica si existen contratos de cesión de derechos sobre lo que has creado, y a favor de quién.
- Si la titularidad no corresponde a la realidad, se corrige: la cesión de una marca se inscribe ante el Instituto y surte efectos frente a terceros.
El punto
La confianza es un buen punto de partida y un mal título de propiedad. Documentar no supone desconfiar de nadie: supone que, el día que alguien falte o cambie de opinión, tu trabajo siga siendo tuyo.
Si quieres saber a nombre de quién están tus marcas, escríbenos: la consulta es sin costo.